Reflexiones

Tiempo final


La Iglesia se va acercando al tiempo final de este año dedicado a la misericordia.

Era un tiempo donde se nos invitaba a realizar algún gesto concreto sobre tal tema.

Cerrar este tiempo es preguntarnos, con total honestidad, sobre lo que hemos realizado.

La misericordia nace en el corazón y se expresa con “las manos”.

Son nuestras obras las que dicen de misericordia.

Así descubrimos a Dios como misericordioso.

Con obras bien concretas para con cada uno de nosotros.

Con obras bien concretas  que experimentamos en nuestra vida.

La misericordia de Dios no es una teoría ni un buen deseo.

Es su forma de relacionarse con nosotros.

Es su manera de hacernos saber su aceptación por cada uno.

No somos perfectos y por ello aceptados por Dios.

Somos aceptados en nuestra condición de necesitados de su amor y de su ayuda.

A lo largo de este año, sin duda, Dios ha puesto en nuestra vida, a diversas realidades que nos hacían saber de la necesidad de algún gesto de misericordia.

¿Cómo hemos reaccionado ante tal realidad?

¿Hemos sido capaces de gastar lo nuestro en pos de algún gesto de misericordia?

Es evidente que cuando Dios realiza algún acto de misericordia para con nosotros se involucra un poco más con lo nuestro.

¿Nos hemos involucrado con alguien necesitado de nuestra misericordia?

No debemos ser misericordiosos porque somos buenos y podemos hacerlo.

Debemos ser misericordiosos porque así es como Dios actúa con nosotros.

Oportunidades hemos tenido ¿hemos hecho algo?

Quizás  ya no tengamos tiempo de realizar algo dentro de este tiempo que nos ha planteado le Iglesia pero ¿podemos limitarnos a un tiempo determinado?

Creo que este tiempo propuesto por la Iglesia no debe ser otra cosa que un ejercicio para continuar el lo cotidiano de nuestras vidas.

Sería muy lamentable de nuestra parte el limitarnos a un tiempo determinado para realizar alguna obra de misericordia.

Sería trágico para nosotros que Dios, al concluir el año de la misericordia, dejase de ser misericordioso con nosotros.

Dios no seguía por nuestros calendarios.

Dios, que es extremadamente coherente, no sabe de tiempos para manifestar su realidad.

Actúa siempre conforme es.

La misericordia debe ser una de nuestras características de cristianos porque hace a la esencia de Dios.

Con nuestro actuar estamos llamados a testimoniar a Dios en el que creemos y experimentamos.

Es el final de un tiempo pero debería ser la continuación del aprender a ser misericordiosos con los demás.

La misericordia no es una realidad interior sino que necesita de gestos externos de manifestación.

Siempre encontraremos a alguien necesitado de nuestro gesto de misericordia.

Siempre debemos sabernos necesitados de gestos de misericordia de los demás para con nosotros.

Solamente quien se sabe necesitado puede tener gestos reales y auténticos de misericordia para con los demás.

Es el final de un tiempo pero jamás debe ser el final de un desafío que se hace gesto.

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