Reflexiones

Hay días


No todos los días son iguales por más que existan realidades que se repiten.

Se repiten lugares o personas.

Se repiten tareas y actividades.

Se repiten horarios y responsabilidades.

Pero nosotros nunca nos repetimos.

Nunca somos una constante reiteración puesto que muchas vivencias nos modifican día a día.

Una noche de mal dormir puede modificar todo nuestro día.

Lo que en normalidad podemos realizar con absoluta naturalidad se nos puede transformar en un esfuerzo.

Una experiencia dolorosa nos puede dañar interiormente.

Se puede perder el coraje o las ganas con lo que realizar nuestra actividad.

Un día brillante de sol puede colmarnos de fuerza y ganas.

Nos vemos impulsados a desempeñar compromisos con fuerza y renovada vitalidad.

Así podríamos continuar mirando esas realidades externas que nos hacen modificar realidades internas.

En oportunidades podemos tener muy en claro qué es lo que influye en nosotros pero, también, están esas oportunidades en las que no podemos explicar, debidamente, lo que motiva  estemos como estamos.

Hay días en que necesitamos poner en nuestro corazón un trozo de sonrisa.

Sabemos, a ciencia cierta, dónde podemos encontrar ese rayo de sol de una sonrisa transformadora y reparadora.

Deseamos que, entre los grises de algunas nubes persistentes, salga el cálido brillo de una sonrisa.

No vamos a solicitarla sino a “hurtarla”

Nos encontraremos con esa realidad obsequiante de sonrisas y nos quedaremos con un trozo de ella y la depositaremos en nuestro corazón.

Dejaremos que ella, desde allí, actúe con naturalidad.

Nos hará ver el sol sin detenernos en las nubes que le rodean.

Nos hará sonreír con su tibieza sin prestar atención a las posibles sombras de nube que recibamos o que nos envuelvan.

Hará que nos detengamos en las bondades de lo que nos rodea sin afectarnos por las situaciones negativas que puedan hacerse presentes.

Desde nuestro corazón nos estará impulsando a tener la fortaleza necesaria como para enfrentar todas y cada una de las realidades que salgan a nuestro encuentro.

Una sonrisa necesaria es mucho más que un algo en nuestro rostro.

Es una realidad que crece desde el alma y se regala en una mirada, en una palabra o en un abrazo.

Es una realidad, don de Dios, que dice de una postura plena de gratitud ante la vida.

Es una realidad, don de Dios, que dice de muchas lágrimas transformadas en brillo, sol y delicadeza.

Hay días en que necesitamos una sonrisa para “hurtarla” y depositarla en nuestro corazón.

Podremos recibir esa sonrisa pese a las distancias.

Podremos recibir esa sonrisa desde la fuerza de un pensamiento.

Pero hay días en que necesitamos esa sonrisa desde la misma fuente de ellas.

Dichosos los que pueden necesitar una sonrisa y encontrarla.

Felices quienes poseen la capacidad de dejarse “hurtar” sonrisas y saben hacerlo.

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