Reflexiones

Todos valemos


En muchas oportunidades he utilizado la expresión: “Somos únicos, originales e irrepetibles”.

No importa si algunos tenemos alguna cuota de “originalidad” especial.

Esta unicidad nos puede hacer “parecidos a…..” pero nunca “es…..”

Nuestra unicidad nos hace tan únicos que imposibilitados de compararnos con los demás puesto que somos irrepetibles.

Esa mezcla de condiciones, limitaciones y cualidades se dan únicamente en cada uno de nosotros haciendo seamos lo que somos.

Nuestra realidad nos hace sabernos especiales porque con un aporte único para brindar.

Una de las notas peculiares de nuestro ser de personas es que somos “seres en relación”

No vivimos para estar encerrados en nosotros mismos sino en una constante relación para con los demás.

Esa relación la realizamos, obviamente, desde lo que somos y con lo que somos.

Es, entonces, que debemos llegar a la conclusión del título de este artículo.

Valgo en la medida que soy.

Valgo en cuanto capaz de aportar mi originalidad.

Valgo en la medida que pueda realizar ese aporte único que solamente yo soy capaz de realizar.

Valgo en cuanto soy consciente nadie más puede brindar lo que yo.

Esto no quiere decir que mi aporte sea el más importante o el mejor puesto que no es una cuestión de comparaciones.

Es importante porque es lo que puedo hacer y lo realiza.

Es lo mejor en cuanto me pongo plenamente en lo que brindo.

Es evidente que, en esto, existe una inmensa realidad que trasciende nuestra realidad personal y es la acción de Dios en cada uno de nosotros.

Gracias a Dios tengo el don de la vida y la posibilidad de ser quien soy.

Gracias a Dios existo y puedo crecer en mi condición de persona.

Un Dios que nos ayuda a desarrollar nuestras cualidades y a menguar nuestras limitaciones para poder ser más útiles.

Dios no me ama porque puedo ser mucho mejor de lo que hoy soy.

Dios me ama hoy en cuanto soy.

Todos valemos porque somos razón del amor de Dios.

Todos valemos porque Dios quiere contar con nuestro aporte para la construcción de su reinado de fraternidad universal.

Todos valemos porque tenemos la posibilidad de brindar un algo tan único como cada uno de nosotros es.

Todos valemos porque personas hechas según su semejanza.

Puede resultarnos demasiado el considerarnos valiosos pero es una realidad.

No debemos caer, lo reitero, en comparaciones que no son apropiadas. No es cuestión de establecer quién vale más sino en la convicción de que el aporte que yo puedo realizar nadie lo realizará por mí.

En el partido de la vida nadie es suplente sino que todos somos titulares ya que con un aporte único para realizar.

En el partido de la vida no debería darse el “hoy no juego porque no tengo ganas”. Con pocas o muchas ganas debo poner lo mejor de mí al servicio de los demás.

No todos somos iguales.

No todos tenemos la misma tarea aunque sí una similar responsabilidad: poner lo que somos al servicio de los demás para ayudarles a asumir el que todos valemos y debemos actuar en consecuencia.

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