Reflexiones

RETAZOS DE HUMANIDAD



El P. Victorio solía contar la anécdota de un joven, con algunos problemas mentales, que todos los días tomaba la ONDA que unía Juan Lacaze con Rosario. En una oportunidad, en su lugar habitual, hizo las señas de siempre para detener al coche. “Quería avisar que hoy no voy a viajar”.

El hecho me vino a la memoria debido a que sucedió algo semejante en una de las eucaristías en la que participo.

La joven tiene algunos problemas mentales y vive a unas quince cuadras de la capilla.

Debido a sus problemas no logra leer ni escribir pero es quien se encarga de entregar la hoja de los cantos a quien no la posee y le señala con exactitud el que se está cantando en ese momento.

Al comenzar la eucaristía no había llegado, cosa que es inusual en ella.

A poco de comenzar apareció. Saludó con un beso a todos y, parándose en el centro de la capilla dijo: “Vengo a decirles que hoy no voy a venir”

Así como llegó se marchó dejándonos, a todos, con una sonrisa a flor de piel.

   

Todos los domingos, en la tarde (creo que en muchos años falté un único domingo), voy a compartir la eucaristía en un determinado lugar.

Un día de la semana se me dice: “Padre queremos invitarlo a la misa del domingo a la tarde. Es (menciona el nombre de una  santa) y queremos que acompañe a la comunidad en la fiesta”

“¿Quién viene a celebrar la eucaristía?”

“Usted, como todos los domingos”

“¿Y, entonces, por qué se me invita?”

“Por las dudas si el domingo pensaba no venir”

               

Está en primero de escuela y su fama es de ser una chica bastante especial.

Sucede que es muy independiente y bastante inquieta a más de distraída.

Un día se me acercó con un papel en la mano y me lo entregó.

“Tomá. Adentro está mi teléfono. Esta tarde llamame”

Abro la hoja y allí se leía: 0123456789101112

Al día siguiente le dije que la había llamado y me había dado ocupado.

“Esa es mi madre que siempre está hablando por teléfono”


Cuando abrí la ventana para atenderlo me resultó una cara ya conocida.

“Vengo a pedirle un favor. ¿Usted no me puede dar para comprarme algo de comer? Hice una promesa a la Virgen del Verdún y……..”

Allí me recordé y continúe por él.

“……. Te robaron el bolso con la plata y la comida y venís caminando desde Minas y tenés que llegar al Cerro”

Me miró con rostro muy serio y, luego, esbozó una sonrisa. “Me olvidé que el año pasado pasé por aquí”.


“¿No tiene unos pesos para comprar algo de comida?”

Quien me hacía tal pedido es un señor suele andar pidiendo por muchos lugares del barrio.

“Te puedo dar un trozo de pan”

“No me sirve porque yo quiero comer bizcochos”

                

Su hermano hace diversas manualidades que él, un hombre ya maduro, sale a colocar por el barrio.

Un día ofrecía una bombita de luz en cuyo interior había una flor de plástico.

Por lo general, lo que ofrece, no tiene precio sino que es “a voluntad”.

En una casa le dieron diez pesos.

Al poco rato regresó porque: “Vengo a buscar lo que dejé porque lo que me dieron es muy poco”.

            

Trozos de seres que nos hacen sonreír como, tal vez, nosotros con nuestra conducta, hacemos sonreír a otros.                                   

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