Reflexiones

Hacer un regalo


Yo me encontraba ocupado en la nada fácil tarea de arreglarle un lugar para cuando venga a quedarse en casa.

No estoy acostumbrado a recibir una visita y, mucho menos, a alguien de tanta importancia como él.

Lo decía en el artículo anterior, la preparación del cuarto ocupa mi ser.

Nada más lejos que querer se encuentre a gusto y cómodo dentro de la sencillez de lo que está a mi alcance ofrecerle.

Hoy, hablando de esta tarea una persona me preguntó si ya tenía el regalo.

“Se acostumbra regalar algo para Navidad”

Una luz de alarma se encendió en mi interior.

Sabía, más sobre la fecha, habría de ocuparme de la comida pero ello no era algo me inquietase demasiado.

No creo sea de gustos muy sofisticados ni que coma en abundancia por ello, pienso yo, con un algo de cordero y algo de postre ya estaría solucionado el tema.

Pero, un regalo ni se me había pasado por la mente.

Navidad es, de por sí, la celebración de un gran regalo.

Jamás se podrá regalar algo equiparable al gran regalo que Dios nos hace.

Él, por pura iniciativa, nos regala a su Hijo hecho uno como nosotros.

Desde ese instante todo lo nuestro se involucra con lo de Dios. No es que lo nuestro se eleva sino que Dios se abaja y asume lo nuestro.

Tal vez por ello es que en Navidad se tiene la costumbre de realizar un regalo.

No será un regalo despampanante como el que Él nos realiza pero debe ser un obsequio que diga de nuestro amor por la persona regalada.

No es otra cosa que un detalle que manifieste que nos importa, que lo sabemos cercano y le tenemos presente.

No había pensado en ello. No se me había ocurrido.

Su regalo es haber elegido mi casa para venir a quedarse.

Su regalo es su sola presencia en lo cotidiano de mí vivir.

 Pero no me había imaginado debía realizarle yo un regalo a él.

Ahora añado otra tarea para este tiempo que falta para su venir a quedarse en casa.

Supongo no le hará ninguna gracia me ponga a recorrer vidrieras para ver algo que le pueda obsequiar.

Supongo no le agradará me ponga en gasto alguno para obsequiarle algo.

Tampoco puede ser algo que no le diga de mí.

Pienso en alguna manualidad pero no le veo teniendo que acarrear eso a los lugares donde vaya.

La luz de alarma se ha encendido producto de una simple frase que se me dijo.

Yo había hablado de lo ocupado que me tenía el preparar una pieza para él y se me dijo, como al pasar, lo del regalo.

¿Esperará le obsequie algo?

Mil veces, espero, no espere regalo alguno y le sorprenda con algo bien simple y sencillo que es lo que puede recibir de mí que dejarlo esperando algo.

Podría preguntarles a algunas personas que me ayuden a pensar un obsequio pero hacer tal cosa le quitaría originalidad a lo que podría brindarle.

Debo revolver en mi interior para encontrar alguna idea valida.

Debo agregar a la tarea de preparar su cuarto el hacerle un regalo oportuno para Él. 

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