Reflexiones

Ordenando la pieza


Después de mucho dudarlo he elegido una pieza para que él se quede.

Nunca pensé resultaría tan complicado alojarlo en mi casa.

Cuando resolvió vendría a quedarse en casa yo me llené de alegría pero, con el paso del tiempo, esa alegría se ha ido transformando en ansiedad.

He gastado mucho tiempo en decidirme por cuál sería la mejor, porque más cómoda pieza, ya que por más que haya dicho que se acomoda en cualquier rincón, debo brindarle lo mejor.

En la pieza que elegí para alojarlo va a estar tranquilo. Los ruidos de la calle no llegarán hasta su descanso y tiene una gran ventana que le permitirá tener aire y luz  abundante.

Grande fue mi sorpresa cuando, al abrir la ventana, descubro que el mosquitero estaba roto. La madera del marco se había destruido en algunas partes y debí cambiarlo. Supongo, ahora, podrá dormir con la ventana abierta sin que los molestos mosquitos perturben  su descanso. Es impresionante la cantidad de mosquitos que andan.

Ahora me explico por dónde se colaban.

Debo cuidar todos esos pequeños detalles que permitan que su estadía en casa le resulte grata y reconfortante. Que sepa puede quedarse el tiempo que lo desee y o se encuentre incómodo por algo.

Ya cambié el colchón. El que tenía sobre la cama hace muchos años que está allí.

En algunas partes ya está delgado de tolerar tanto uso. Tampoco quería comprarle uno nuevo puesto que resulta, al comienzo, medio duro y el cuerpo no se acomoda bien.

Cuando el colchón en nuevo parecería como que uno se acuesta y queda flotando sobre él y no se descansa bien. Al que tenía lo cambié por uno usado pero más nuevo. Creo que allí va a poder dormir a gusto.

Con todo placer le brindaría el que yo utilizo peo ese ya está tan amoldado a mi cuerpo que creo le resultaría incómodo. Fue un obsequio que me hicieron y desde entonces lo utilizo.

Muchas veces, a lo largo del día, me asomo a la pieza y miro lo que hay y lo que aún debo hacer.

Sobradamente sé que la pieza no debe estar a mi gusto sino al suyo y ello es, siempre, bastante difícil de lograr.

No soy yo quien se va a alojar allí sino que será él y, por lo tanto, debo saber lo más posible sus gustos.

Debo poner algunos adornos que le den un toque personal a las paredes pero estoy indeciso en lo que debo de poner.

Lo primero que se me ocurrió fue poner un crucifijo sobre la cabecera de la cama pro aún no me decido a hacerlo.

¿Le agradará encontrarse con ese recordatorio de un instante de su vida?

No creo lo ignore ni le incomode tal presencia en la pared pero, quizás, puedo encontrar algo más grato.

Verdaderamente no sé por lo que me habré de decidir. Las horas pasan y no me decido.

Revuelvo entre las muchas cosas que tengo y no logro encontrar algo que me convenza.

Quizás termine poniendo un cuadro con unas palomas que a mí me agrada muchísimo.

En oportunidades me digo “Ya se me ocurrirá algo” pero los días pasan sin detenerse y cuando quiera darme cuenta ya habrá concluido este tiempo de adviento y él vendrá a alojarse en casa.

También me digo no puede ser un algo tan complicado recibirle ya que él ha sido quien se invitó a quedarse en nosotros. Mientras tanto, poco a poco, voy ordenando  la pieza.

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