Reflexiones

Ser cristiano


Suena el timbre y atiendo.

La señora hace su planteo y el mismo llamó mi atención. Sabía era un algo que se daba pero era la primera vez que debía atender a tal solicitud.

La señora quería ser borrada de los libros de bautismo ya que había sido bautizada sin su consentimiento.

Sabía debía realizarse un trámite para tal cosa pero no podía informarle exactamente en lo que consistía el mismo y debía averiguar tal cosa.

Quedó en volver al día siguiente pero aún la sigo esperando para poder ayudarle en su solicitud.

Sin duda que una cosa es ser cristiano y otra es pertenecer a la Iglesia.

Por más que el bautismo nos haga cristianos pertenecientes a la Iglesia creo que ambas cosas no van, necesariamente, de la mano.

Para muchos el bautismo no es otra cosa que un confiar a Dios al bautizado.

Es ponerlo en las manos de ese ser superior en el que se cree pero se está muy lejos de asumir el vivir conforme Cristo y, mucho más lejos, la pertenencia a la Iglesia.

Para muchos cristianos ser tal cosa es cumplir con determinadas prácticas y, por ello, hay quienes afirman que, hoy en día, muchos son los testigos de la institución y no de la persona de Jesús.

Son esas personas que se han quedado en un cristianismo infantil y con una religiosidad cargada de cumplimientos rituales.

Cumplimientos rituales a los que suelen agregarle prácticas piadosas para reafirmar su cristianismo que viven dentro de los templos.

El cristianismo es el desafío de la vivencia personal de Jesús.

Por ser una vivencia personal no la podemos inventar sino que debemos descubrir.

Descubrir la persona de Jesús requiere el intento diario no de convertirnos a Él sino el de convertirnos en Él.

Es hacer nuestra la obsesión suya de la construcción del Reino de Dios.

Es ser constructores de acciones que promuevan la dignidad del otro como persona.

Es ser respetuosos del otro y sus opciones para que pueda realizarse como ser humano.

Es saber que con toda su actividad debe hacerse un prolongado canto de gratitud a Dios.

Es tener la primordial preocupación que Jesús por todos aquellos que se descubren y saben con necesidades por satisfacer.

Es descubrirse inmerso en un proyecto de amor de Dios y teniendo un aporte particular y único para realizar.

En ese proyecto cada uno es valioso y necesario porque con un aporte original para realizar a lo largo de su vida. Por ello necesaria su autenticidad.

Los instrumentos que le Iglesia aporta no deben ser otra cosa que ayudas para poder intentar vivir a Cristo.

La vida de Jesús no es un empeño individualista sino un algo con fundamentos comunitarios y en ese sentido la vivencia en Iglesia se hace de suma importancia.

Es muy difícil, al acercarnos a la persona de Jesús, encontrarnos con alguien que nos proponga ritos o prácticas piadosas. Nos encontramos con alguien cercano a la vida cotidiana y con valores para transformar la misma.

Por eso ser cristiano es una postura existencial ante lo cotidiano y su encuentro con Dios Padre en esa realidad.

Ser cristiano es tener, con sentido común, los pies sobre la tierra y estar dispuesto al encuentro con el otro y su realidad.

No es fácil ser cristiano puesto que implica poseer una mirada de la realidad donde uno no es otra cosa que un instrumento al servicio y no un fin en sí mismo.

Es descubrir que nuestras demandas particulares se realizan en el servicio a los demás y no en un empeño obsesivo por la realización de las mismas.

Darnos es, sin duda, la mejor forma que se posee de recibir en abundancia.

Darnos con amor, darnos brindando lo mejor de nosotros mismos, darnos con alegría y desinterés es el camino seguro a la realización personal.

Ser cristiano es, por sobre todas las cosas, un estilo de vida que debemos hacer nuestro.

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