Reflexiones

Unidad Si, Uniformidad No


En diversas oportunidades, los relatos evangélicos, nos hablan de Jesús solicitando unidad para sus seguidores.

Hoy, mirando la realidad en todas las direcciones, sentimos a Jesús solicitando a sus seguidores que sean constructores de unidad.

La unidad que nos pide Jesús solamente será posible en la medida que se apoye y se construya desde y sobre el amor.

Es una unidad que requiere respeto y aceptación.

No es un algo que implique compartir todas las posturas que el hoy nos presenta pero, tampoco, presentarnos o creernos los poseedores de la última palabra.

La verdad no es una adquisición de alguien sino una búsqueda que debe ser compartida para que sea auténtica y verdadera.

En esa búsqueda de la verdad no podemos participar con fundamentalismos pre - establecidos sino que debemos hacerlo con espíritu de auténtica construcción y búsqueda.

Es, entonces, que florece el respeto y la aceptación y se construye unidad.

Unidad es tener presente que cada uno vemos la historia desde nuestros ojos y, por lo tanto, desde nuestras condicionantes y ello debe hacer seamos respetuosos de las miradas de los demás.

La auténtica unidad no se construye buscando o pretendiendo la uniformidad.

Somos todos distintos y originales y jamás podemos perder esa realidad que nos hace ser quienes somos.

En oportunidades, en pos de la unidad, debemos apearnos de nuestras posturas pero ello no implica ser como los demás sino aceptar que la unidad se construye, también, con renuncias y no con imposiciones.

La unidad no es un algo que puede decretarse sino que es una realidad en constante construcción.

Siempre debemos poner algo más de nosotros para favorecer la unidad.

Muchas veces pretendemos engañarnos con la uniformidad como si tal cosa fuese sinónimo de unidad.

La uniformidad es un algo que puede lograrse con mucha facilidad pero nunca deja de ser una realidad externa y no posee más peso que el de un algo dispuesto que no quiere decir aceptado.

Cuando se imponen determinaciones en pos de la uniformidad no se logra otra cosa que hacer lograr que la unidad se aleje de la realidad.

Parecería como que la unidad y la uniformidad son dos realidades antagónicas.

Cuando la unidad florece crece la originalidad de cada uno puesto que ella hace no se pierda la autenticidad.

Cuando la uniformidad se impone crecen los descontentos y las rebeldías.

Cada uno de nosotros en nuestro espacio vital tenemos una ardua tarea para ser constructores de unidad.

No se nos pide, para esa tarea, grandes luces o una previa preparación sino que nunca dejemos de ser quien somos y obremos con los demás de igual manera.

La unidad se construye con diálogo y tolerancia, con honestidad y autenticidad, con cercanía y sentido común.

La uniformidad es determinación y acatamiento, imposición y sumisión.

La unidad favorece el crecimiento personal mientras que la sumisión hace crecer el infantilismo pues ayuda a no pensar.

La uniformidad, en muchos casos, atenta contra la libertad individual.

Sin lugar a dudas es mucho más fácil lograr la uniformidad que la unidad pero como muchas veces no debemos conformarnos con lo fácil sino con lo esencial por más que ello sea un empeño que implique lo mejor de cada uno de nosotros.

En todos los ámbitos de nuestra realidad, hoy más que nunca, unidad sí, uniformidad no.

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