Reflexiones

Llamando la atención


Hace un tiempo me obsequiaron un frasco con dulce de leche casero.

Lo dejé sobre una mesa con la intención de gustarlo más tarde.

Cuando voy a tomar el frasco me llama la atención pues la cantidad de dulce había bajado considerablemente.

Miro un poco más detenidamente y gotas de dulce se encontraban junto al frasco. No necesitaba de mucho más para saber que alguien me había ganado de mano.

Todo el frasco era un prolongado pegote de dulce. Lo destapo y en la contratapa eran notorios los dedos de quien había estado comiendo.

Lo dejé sobre la mesa para que lo continuase comiendo.

Al llegar a abrir una puerta el picaporte estaba pegajoso de dulce. Había comido metiendo los dedos en el dulce y se retiró, supuse, a lavarse las manos.

Nunca más volvió a comer.

Quedé con las ganas de probarlo y él con la satisfacción de haber gustado de algo que no era suyo.

En muy diversas oportunidades ha actuado de igual forma y siempre me dice que “debo poner una trampa para cazar a ese pajarito que le roba las cosas”.

Con el paso del tiempo he aprendido a que la forma de evitar que realice este tipo de infantilidad es proponiéndole que se sirva de ello.

En una oportunidad tenía unos chorizos asados para comer. Cuando legué a buscarlos para repartirlos ya no había más. Recordé lo del dulce de leche.

Antes de retirarme, en otra oportunidad, le dije que en una bolsa que le mostraba había unos chorizos y que podía comer de ellos. Al regresar miro la bolsa y estaban todos puesto que los había tocado.

Es el gusto por transgredir, por hacer lo no permitido, por pura picardía. Es la necesidad de hacerse ver llamando la atención.

Es, en esas cosas, donde uno se da cuenta de su infantilismo puesto que tal proceder es propio de una persona de pocos años y no de alguien con su edad.

Durante mucho tiempo ha vivido siendo alguien que no se tenía más en cuenta que como una parte del folclore de la ciudad.

Durante mucho tiempo ha vivido como alguien a quien no se le tenía en cuenta y haciendo saber de su presencia.

Uno podía verle transmitiendo algún evento sin que nadie le prestase atención o le escuchase. Sus relatos eran prácticamente inentendibles puesto que no realizaba ningún esfuerzo para pronunciar correctamente ya que, sabía, nadie lo escuchaba.

Hoy es el orador oficial en muchos eventos. Se sabe escuchado y ello ha hecho que su dicción haya mejorado considerablemente.

¿Cuántos, como él, viven sabiéndose ignorados por la realidad?

En oportunidades buscan llamar la atención de alguna manera para sentirse alguien marcando su presencia. En oportunidades buscan llamar la atención infligiendo  alguna norma de convivencia social.

Robó un casco, se lo puso y salió caminando muy tranquilamente por la vereda. No es un hurto sino un modo de llamar la atención sobre su presencia en la calle. No merece un castigo solamente sino, también, una ayuda que le haga saber no está tan solo como lo piensa. Recibirá el castigo pero muy difícilmente el sistema le brinde una ayuda.

Es indudable que vivimos en una realidad que se encarga de poner al margen del camino a muchos integrantes de la misma.

Quedan al margen y muchas son las veces que se les discrimina por estar al margen en lugar de recibir una mano que les ayude a integrarse.

Es mucho más simple marginar que integrar.

Para quienes somos cristianos esta realidad social no puede resultarnos indiferente puesto que bien claro tenemos que tener el actuar de Jesús.

Iba al encuentro de aquellos que por distintas razones el sistema marginaba y les daba elementos como para que se volviesen a sentir personas integradas.

No precisaban llamar la atención de Jesús sino que Él estaba atento a esos seres.

 

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