Reflexiones

La tableta de chocolate


Una persona a quien aprecio muchísimo me obsequió una barra de chocolate.

En el afán de hacerla durar lo más posible resolví limitarme a una tableta por día.

La separé del resto, la introduje en mi boca, la apoyé contra mi paladar y dejé se fuese derritiendo lentamente.

Un inmenso sabor a chocolate invadió y colmó mi boca.

Poco a poco iba tragando algunos bocados de chocolate y sentía su sabor deslizarse por mi garganta.

Así pude pasar un largo rato disfrutando el sabor del chocolate.

Ya casi no quedaba más chocolate cuando mi lengua sintió que, contra mi paladar, había algo que no se había derretido.

Una almendra había quedado completamente entera dentro de mi boca.

¿Qué hacer con ella?

La podía destruir de un mordisco pero sabía su gusto invadiría mi boca haciéndome perder el sabor del chocolate.

La podía destruir de un mordisco pero algún trozo de la almendra se introduciría entre mis muelas y pasaría mucho rato, con mi lengua, intentando quitarle de allí. Sabía podía pasar mucho rato ocupado en esa tarea y no estaba dispuesto a ello.

Con la ayuda de la lengua comencé a pasearla por los diversos lugares de mi boca.

Sentía que el sabor a almendra se iba mezclando con el sabor a chocolate sin que este último se perdiese.

Poco a poco iba perdiendo sabor y se iba ablandando producto de tanto paseo por mi boca.

En un determinado momento mis muelas se encargaron de ella.

Había pasado mucho tiempo desde que comencé a disfrutar de aquella tableta.

Mientras hacía toda esta operación pensaba en el día de ayer.

Estarán quienes, luego de conocidos los resultados, experimentará se ha llevado una tableta de chocolate a la boca.

Los resultados le permitieron su boca se llenase de dulzura y sabor especial.

Poco a poco fueron permitiendo que ese sabor inundase su sonrisa y la proyección de sus expectativas. Todo fue conforme lo esperaban.

Estarán quienes descubrirán que su tableta posee más almendras que chocolate.

Los resultados fueron conformes a sus sueños pero apareció alguna almendra que no estaba esperada. En algún lugar donde esperaba tener una buena votación fue más almendras que chocolate.

No faltarán aquellos que tomarán conciencia que su tableta fue más almendra que chocolate. Los números no coincidieron con sus expectativas. Sus esperanzas se volvieron un trago duro de asimilar. Era una posibilidad que ahora es realidad.

Por sobre las realidades particulares se festejará la posibilidad de haber disfrutado la tableta de chocolate porque así es la democracia.

Lo de ayer no ha sido nada más que un llenarnos la boca de su presencia y su sabor dulce. Es una manifestación de que existe, vive y se manifiesta.

Vive y nos permite disfrutarle. Vive y nos hace saber no podemos abusar de ella ni podemos despreciarle.

Siempre debemos valorar el que podemos tener de ella para saborearle prolongadamente.

En oportunidades aparecerán las almendras a las que debemos saber, forman parte de la tableta de chocolate pero no pueden hacernos perder el sabor al mismo.

Parlamentarios que nosotros elegimos son parte de la barra de chocolate. Más adelante habremos de disfrutar de las elecciones departamentales. Serán otra tableta de la misma barra.

Hoy disfrutemos de haber podido saborear, una vez más, de una tableta de chocolate. 

Volver