Reflexiones

María Auxiliadora


Decir “María Auxiliadora” es un reconocimiento y un pedido de ayuda.

No es una súplica timorata ni un efluvio piadoso.

No es una súplica conformista ni un ruego ante situaciones simples.

Es un grito construido en el fragor de una batalla.

Es un grito elaborado para no bajar los brazos y continuar adelante.

Es un grito que parte de lo más profundo de nuestro aceptar lo que somos.

Es descubrir que las situaciones nos pueden sobrepasar pero, en la medida que lo deseemos no estamos solos.

Nuestra lucha debe ser por la razón de nuestra vida.

Nuestra lucha debe ser por intentar ser fieles a nuestra condición de personas cristianas.

Una condición que no es fácil puesto que, muchísimas veces, es ir contra lo que hace la mayoría.

Ser cristianos implica vivir lo de Cristo como lo vivió Él.

Ser cristianos es vivir los valores de Cristo y ello no siempre es fácil en este mundo donde todo nos muestra lo contrario.

Es una lucha donde se nos va la vida.

Es una lucha donde, a cada instante, debemos defender lo que somos puesto que ello es nuestra única forma de vivir.

No estamos llamados a ser sobrevivientes del hoy sino a realizarnos y para ello debemos ser.

Para eso contamos con María.

Una mujer de todos los tiempos.

Una joven mujer que supo hacer de su vida un vivir lo que Dios esperaba de ella.

Una joven mujer que vivió realidades muy difíciles pero las supo vivir dentro del proyecto de Dios.

Supo ser.

Sin duda que nada le facilitó las opciones.

Bien se puede decir que todo ayudó a complicarle la vida.

Pese a todo supo ser y, por ello, continúa conservando su vigencia.

Una vigencia tal que con total certeza podemos acudir a ella para que nos ayude a ser.

Por suerte no existe una única forma de realización personal.

Cada uno responde desde lo que es.

Cada uno responde desde lo que hace que uno sea.

Cada uno sabe lo difícil que es ser uno mismo y cristiano en este hoy.

Es, frente a esa dificultad, que debe nacer el “María auxilio de los cristianos”.

Es un grito, no una simple súplica.

Es un grito que infunde coraje.

Es un grito que dice de asumir compromisos.

Es u grito que se hace tarea vital.

No es una simple fórmula que se repite.

Mucho menos es una fórmula mágica.

Es un clamor que nació entre el polvo y la pólvora del fragor de una batalla.

Nada puede hacer perder esa esencia misma del clamor.

No podemos hacerle perder esa realidad de haber nacido en momentos muy difíciles.

Nunca, ser uno mismo, es tarea fácil.

No puede ser un ruego para solicitar se nos simplifiquen las cosas.

No es un ruego para que Dios nos haga los gustos.

Es un ruego para poder cumplir con la exigente tarea de ser nosotros mismos conforme Cristo.

Quizás a tal ruego lo hemos impuesto convirtiéndolo en una simple súplica.

Debemos recuperar el sentido original del mismo.

No nacemos para ser uno más.

No vivimos nuestro cristianismo cumpliendo algunas prácticas.

Estamos llamados a realizarnos siendo nosotros mismos.

Cristo nos muestra, con su vida, que ello es posible.

Desde allí es que debe surgir ese grito hecho reconocimiento y pedido de ayuda. “María auxilio de los cristianos”.

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