Reflexiones

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Disculpen


Hace un tiempo titulaba a un artículo que “Me gustaría saber escribir”. Hoy vuelvo a sentir la misma sensación.

Se me solicitó para hablar y me manifestó que, a raíz de un artículo, ella y alguna persona más se han sentido ofendidas por expresiones que utilicé al redactar tal artículo.

Sin lugar a dudas nada más lejos que mi intención de agraviar, desconocer o ignorar lo que esas personas realizaban.

En oportunidades “metemos la pata” completamente inconscientes de que lo estamos haciendo.

Sería demasiado mala persona si quisiera poner, deliberadamente, lo que esas personas entendieron y causó su enojo.

Sería demasiado ingrato si dejase de reconocer lo que cada una de ellas ha realizado durante todo este tiempo.

Sería demasiado necio si olvidase lo que muchas veces he manifestado y es que uno no es otra cosa que la cara visible de un gran grupo humano que ha cargado sobre los hombros una ardua tarea que ha sabido mantener en el tiempo.

Una persona me lo dijo pero, también, me manifestó que otras se habían molestado con lo que había escrito y ellas no me lo hicieron saber.

Por ello es que debo realizar este artículo pidiendo sepan disculparme.

Desde que esa persona me manifestó su molestia he quedado molesto y a medida voy redactando este artículo va creciendo en mi interior una profunda molestia.

Molestia por no saber escribir.

Molestia por no haber redactado correctamente lo que pretendía expresar y no haberme dado cuenta de ello.

Molestia por haber incomodado a algunas personas de mi estima con mi escrito.

Quisiera saber escribir para poder poner en cada renglón mi necesidad más sincera de solicitar mil disculpas pero, creo, no sabré hacerlo.

Por ello es que tengo la sensación de que al finalizar este artículo mi solicitud no será suficiente pero pongo, en ello, el mejor de mis empeños.

Quizás, usted, se pregunte por las motivaciones de este artículo o manifestará que no entiende mucho, pero debo hacerlo puesto que ha sido un artículo el motivador del enojo de algunos.

Debo reconocer que, muy pocas veces, al redactar un artículo, lo releo como para ver si puedo decir algo que puede incomodar a alguien. Redactaba conforme se me iba ocurriendo y lo enviaba.

Me quedaba en ello sin pensar en algo más. Cuando me hicieron el comentario y la molestia que había causado pensé en ese algo más que, tal vez, nunca había tenido en cuenta o había reparado.

Me molesta haber incomodado a personas que, durante mucho tiempo, me hicieron saber de su solidaridad generosa hecho servicio desinteresado y, por unos renglones mal pensados les he incomodado sin pretenderlo

Nuestras “metidas de pata” deben servir para aprender y, así, madurar.

Ojalá supiese hacerlo y pudiese aprender a escribir un algo mejor de lo que suelo hacerlo.

Pero me resulta imposible no pensar en todas  “las metidas de pata” que ha habido en mi vida y nunca dije un disculpe puesto he sido ajeno a las personas que se han podido molestar con ellas.

Por ello, aunque me causó cierta molestia lo que me decía aquella persona, siento debo darle gracias puesto que me enteré de la molestia causada y tengo la oportunidad de decirles: “Disculpen”

A lo largo de este artículo he aprovechado para solicitar mis más sinceras disculpas debo reconocer que necesito abrir los ojos y ser muy realista.

Muchas veces me he jactado de tener los pies sobre la tierra debo aceptar no era tal la cosa puesto que muy pocas veces, en mi deseo de ser realista, presté muy poca atención a esas personas que he molestado con mis errores.

Dicen que siempre estamos a tiempo de aprender. Ojalá esta lección sea bien aprendida.

Mientras tanto “Disculpen”

 

 

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