Reflexiones

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UN JUEGO NECESARIO


La vida es un juego. Tiene sus reglas, sus condiciones.

Si bien hay algunos que se enfrentan a ella para “que pase lo tenga que pasar”, la vida es un juego que hay que saberlo jugar.

Es, siempre, un juego de opciones.

En oportunidades podemos, como fruto de nuestra opción, avanzar muchos casilleros.

Estos avances no quieren indicarnos que, con facilidad sobrada, habremos de llegar a la meta.

Existirán las veces que nuestros avances nos harán caer en algún casillero que nos hará retroceder mucho más de lo avanzado circunstancialmente.

No faltarán las veces que habremos de perder algún turno.

La vida es un juego que hay que saberlo jugar.

No es una realidad reservada para alguna etapa de nuestra vida.

No es un juego exclusivamente durante nuestra niñez donde todo es juego (mejor debo decir: donde casi todo es juego).

No es un juego durante la juventud donde uno se cree dueño del tablero, los dados, las fichas y las reglas del juego.

Siempre es un juego donde se van entremezclando pérdidas con triunfos y donde el resultado únicamente se sabe al finalizar.

Es un juego que, necesariamente, se debe mirar dentro de una totalidad que no es igual para todos los jugadores.

Donde ser un “perdedor” o un “triunfador” no depende de otra cosa que de nuestra postura ante el tablero por más que nos empeñemos en juzgar por el casillero que se ocupe.

No hay fichas mejores y fichas despreciables. Cada ficha tiene su responsabilidad y el ejercicio de la misma es quien habrá de hacer saber nuestra postura ante el juego.

En oportunidades el juego se convierte en opciones y ejercicio de responsabilidades crecientes que se deben ir asumiendo.

No faltan quienes por asumir más y más responsabilidades se creen los “dueños” de las reglas y de la disposición de las otras fichas cuando, en realidad, la responsabilidad siempre dice de servir y estar disponible.

Siempre, necesariamente siempre, el aumento de las responsabilidades hace referencia a una mayor disponibilidad a los demás y, ello, es, también, parte del juego de la vida.

Tampoco faltan quienes rehuyen determinadas responsabilidades, se desentienden, se dejan manejar o se abandonan.

Siempre, en este juego, se realizan opciones y se asumen responsabilidades y la primera es la responsabilidad ante las opciones realizadas.

Se gana, se pierde. Se avanza, se retrocede. Todo es parte del juego de la vida.

Por más que se permanezca detenido siempre se es parte de un juego, nunca se está al margen.

Jamás se  puede observar el tablero desde fuera.

Siempre se está involucrado. Tómese la actitud que se tome la misma dirá de una opción de la que se es responsable.

Pero así como siempre se participa del juego también los demás participan aunque sus fichas estén inmóviles porque no se les presta el dado para que puedan tirar.

También se es responsable ante esos casilleros de más que se pretenden avanzar sin que corresponda hacerlo.

Se gana, se pierde. Se avanza o se retrocede.

Se deben conocer las reglas del juego, se debe saber cuál es la finalidad del juego, se debe realizar uno en todas y cada una de las etapas del juego.

De no ser así uno se puede ver involucrado en un juego que no sabe jugar y que, por lo tanto, no se puede disfrutar.

Digo disfrutar puesto que ello es la razón fundamental de este juego.

Disfrutar es parte de la realización personal.

No es un juego para oprimir o para agobiar.

No es un juego para fomentar la resignación ante el hecho de deberlo jugar.

Es un juego que no siempre es fácil.

Es un juego que siempre se juega en colectivo por más que cada uno posea su ficha.

La vida es un juego y hay que saberlo jugar o, por lo menos, intentarlo.

 

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