Reflexiones

Mousse de chocolate


Nos repartieron el postre.

Yo, lo confieso, lo comí creyendo era “helado de chocolate”.

Ella, cerca de nosotros, manifestó era “como mousse de chocolate”.

No había otra forma de saber que preguntado a quien lo había realizado.

“Es mousse de chocolate” respondió ante nuestra pregunta.

Yo aproveché para molestarle con un: “Ves, no podes decir es “como” cuando es mousse”

“Yo dije que era mousse” dijo esbozando una sonrisa y cerrando sus ojos.

“No, no vengas ahora. Vos dijiste era “como” mousse de chocolate y no hay nada de ”como” sino que es”.

Lo único que me importaba era molestarle y lo había logrado.

Lo único que pretendía era que sonriese desde su timidez y sencillez.

Sonrió, bajó su rostro y continuó comiendo el postre.

Ha pasado el tiempo de este hecho y hoy vuelve a mi memoria.

La realidad no podemos inventarla.

Está allí, junto a nosotros, para que la descubramos.

Podemos verla y limitarnos a decir: “Es helado de chocolate”

Podemos observarla y decir: “Es como mousse de chocolate”

Podemos admirarla y decir: “Es mousse de chocolate”

Necesitamos acostumbrarnos a ver más allá de las cosas para llegar a la verdad de la realidad.

Sobradamente sabemos que, detrás de lo que se ve a primera vista, siempre hay algo más que hace a la esencia de la misma.

No alcanza con ver y disfrutar lo que vemos sino que necesitamos mirar mucho más allá de las simples cosas.

Cuando comenzamos a ver más allá de las cosas podemos encontrarnos con gratas y reconfortantes sorpresas.

Vemos una foto que se nos ha hecho llegar y descubrimos que es un prolongado canto de amor.

Vemos una comida que se nos comparte y descubrimos es un gesto de solidaridad que se nos brinda.

Muchas veces podemos intuir que detrás de las cosas hay “como”……..

Muy bien no podemos descubrir lo que está detrás de lo que vemos pero, sin duda, podemos intuir que hay algo más. “Como……..”

Lo verdaderamente importante es cuando, mirando lo profundo de las cosas, llegamos a descubrir la presencia de Dios.

Allí las cosas adquieren su sentido más pleno y reconfortante.

Es, allí, cuando todo lo que nos rodea se nos vuelve presencia de Dios que nos habla.

Nos habla para enseñarnos y cuestionarnos.

Nos habla y nos pide.

Es, allí, cuando descubrimos la verdad de todo lo que nos rodea.

Nada se nos vuelve casualidad sino que todo se nos hace causalidad.

Nada se nos hace azar sino que todo tiene una razón que debemos saber descubrir.

Para llegar a ello no podemos limitarnos a decir que es “helado de chocolate”

No podemos quedarnos en un inicial es “como mousse de chocolate”

Necesario se nos hace llegar a la certeza de que “es mousse de chocolate”

 

 

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