Reflexiones

Un trozo de tela


“Traje esta tela de Angola. La corté en trozos y le di uno a cada uno de los del grupo. Te considero uno más y, por eso, esto es para vos”

Me entregó un trozo de tela pleno de colores y acompañado de unos dibujos grandes.

Sin duda yo no merecía tal obsequio puesto que les había observado desde fuera.

Pero igualmente lo tomé y lo agradecí.

Más que nada agradecía lo que el mismo presente significaba.

Sigo convencido de no haber hecho ningún mérito como para merecer tal presente pero el mismo se encuentra sobre la mesa en  la que celebramos la eucaristía diaria.

Será una presencia que me recordará la necesidad de rezar por todo el grupo.

Será una presencia que me recordará su paso por la parroquia y la tarea desarrollada.

Será una presencia que traerá rostros, nombres o apodos.

Será una presencia que traerá otras presencias.

Pero, por sobre todas las cosas, habrá de llenar de color nuestras misas diarias.

La eucaristía es una acción de gracias y, por lo tanto, debe ser una celebración viva.

Debería ser una celebración en donde, por sobre todas las cosas, prime la fraternidad y la alegría del encuentro.

Jesús vivía con alegría la celebración del compartir la mesa.

Compartía la mesa con muy diversos personajes y allí dominaba la fraternidad.

No eran mesas “de etiqueta” y protocolos.

La mesa era lugar de encuentro y de compartir.

Todo quedaba liberado a lo que la fraternidad permite.

Risas, cuentos, ocurrencias y reflexiones.

Por ello la eucaristía necesita de colores.

Los colores de la vida misma que se comparte y celebra.

La eucaristía no es un ritual frío y lejano que se celebra a distancia.

La eucaristía no es un algo donde está el celebrante y los espectadores.

Es una extraña mezcla de recuerdo y actualidad.

Se recuerda para celebrar la actualidad que se transforma.

Sin los colores de la actualidad se le quita a la celebración un trozo trascendente de la misma.

Si se le quita el recuerdo se le despoja de algo que hace a su esencia.

Las dos realidades deben encontrarse en su justo lugar ya que dicen de lo que es en plenitud.

No puede faltar ni el ayer ni el hoy. En esa particular mezcla es desde donde se realiza la eucaristía.

Hace un tiempo decía, en un artículo, que se habían marchado pero algo de ellos se ha quedado por aquí.

Han quedado realidades que están muy unidas a lo que hace a la eucaristía.

Entrega, solidaridad, renuncias, dedicación, cercanía y muchísimo Jesús.

Para quien me obsequió el trozo de tela debe de decirle mucho de su anterior actividad.

Para mí dice de todo el grupo con quien pude compartir trozos de momentos.

Para quienes la ven sobre el altar de la eucaristía cotidiana ha de decir otra cosa como le puede decir el mantel de crochet sobre el que se encuentra.

Las cosas de Dios tienen esa originalidad y ese valor.

Cada uno puede y debe leerlas desde su vida y es desde allí donde adquieren su mayor valor y sentido.

Dios habla a cada uno en su originalidad y su vida.

Dios es como ese trozo de tela ya que es una palabra llena de color para la vida de cada uno.   

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