Reflexiones

Volando alto


No intentes apurar tu vuelo.

Agita tus alas, ayúdale a adquirir fuerza y calor.

Tus alas parecen desproporcionadas de grandes pero ello se debe a tu realidad joven aún.

Comienza, poco a poco, a despegarte del suelo.

Pequeñas carreras y tímidos saltos hacen al comienzo de tu vuelo.

Ya llegarás a extender tus alas y remontar vuelo pero para ello debes aprender un algo más.

Es tu tarea aprender a volar con tus alas.

Nadie podrá prestarte alas. Nadie volará por vos.

No temas sentir que tus alas se llenan de viento y te elevas del suelo.

Miras hacia abajo y tus alas te han alzado de la realidad.

Has comenzado a ubicarte por sobre las cosas.

No para apartarte de ellas sino para tener una visión más plena de la misma.

Allí, en la realidad, está tu alimento y tu refugio.

Debes volar al sol.

Ya forma parte de vos. Le atesoras entre tus alas.

Vuelas, enfrentas al viento que te golpea de frente.

Tus ojos grandes y dulces se llenan de humedad.

Siempre, volar, implica dejar que el viento golpee de frente y ello humedece los ojos.

La profundidad de tus ojos claros se llena de miradas nuevas.

Ver desde las alturas es mirar en grande la realidad aunque se vea más pequeña.

Ya no interesan los detalles sino lo esencial.

Continúa subiendo, el sol aún está lejano.

Siempre se puede volar un poco más alto.

Ya no se requiere tanto movimiento de las alas sino que es cuestión de dejar que las plumas se acomoden a las corrientes de aire y dejarse llevar a más altura.

Toda la inmensidad del firmamento está disponible para tu vuelo y tus planeos.

Subes y bajas dejándote trasladar por la voluntad de un viento suave que te conduce más arriba.

En las alturas nunca se está en soledad puesto que otras aves también se encuentran.

Adentrarse en las nubes es permitir que un poco de humedad refresque tus alas.

Continúas subiendo y ya no ves la realidad sino que las nubes son tu suelo.

El sol está más cercano y más cálido.

Tu sonrisa se ha vuelto inmensamente grande y brillante de puro blanca.

Has probado que puedes volar y llegar muy alto.

Te has demostrado que eres capaz de disfrutar a pleno del sol.

Tu rostro es la profundidad de tu mirada y la brillantez de tu sonrisa.

Disfrutas el sol cercano e intenso.

Ya nadie podrá quitarte esta experiencia de libertad y madurez.

Allí, en las alturas, has perdido la noción del tiempo.

No tienes noción del tiempo que te ha insumido tu vuelo.

La entrega no se mide por tiempo sino por intensidad y ella ha sido plena.

Aleteos y remontar, planear y vientos, nubes y más sol.

Ahora debes comenzar a descender para volver a la realidad.

Alguien estará esperando tu retorno para animarse desde tu experiencia.

La altura de tu vuelo se queda entre tus alas y tu rostro.

Desde vos alguien se animará a volar alto.

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