Reflexiones

Dudas necesarias


Fuiste invitando uno a uno a aquellos  hombres y ellos fueron respondiendo y te siguieron.

No debe de haber sido fácil, para ninguno de ellos, dejarlo todo para seguirte.

¿Deslumbramiento? ¿Impacto? ¿Intuición?

¡Vaya uno a saber lo que motivó que te siguieran!

En un tiempo de muchos predicadores apareciste con toda tu autoridad y sencillez.

Apareciste con toda tu fuerza, tu verdad y tu pobreza.

Algo deben haber visto como para entusiasmarse de tal manera.

Sin duda que era un riesgo seguirte puesto que no ofrecías muchas seguridades de un éxito y nadie emprende una aventura así sin una remota posibilidad de éxito.

Para algunos eras la certeza de un futuro nuevo reino para Israel.

Para otros eras el futuro redentor.

Ninguno se equivocaba pero no coincidían sus suposiciones con tu proyecto.

Vos ibas en otra dirección. Vos te movías dentro de unos parámetros muy distintos.

¿Qué sentías cuando descubrías que las expectativas de ellos iban en una dirección tan contraria a las tuyas?

Pero ellos confiaban en vos.

Tenían la seguridad de haber elegido correctamente cuando, dejándolo todo, se dispusieron a seguirte.

Es indudable que en muchísimas cosas no te deben haber entendido pero, pese a ello, no dudaban en salir a compartir con todos la experiencia vivida junto a vos.

Creo que el gran secreto del seguimiento de tus discípulos es el hecho de que no tuviesen certezas.

Buscaban y esperaban confiadamente.

Con inquieto nerviosismo habrán ido viendo pasar esas oportunidades que, desde su lógica, eran tremendamente propicias y que vos, sistemáticamente las dejabas pasar.

Ello es lo que motivará a Judas a ponerte en una situación donde no podrás dejar pasar a la misma.

Judas se cansó de esperar y tal hecho lo llevó a decidir por vos.

Buscaban expectantes ese momento en que habrías de dar ese gran signo que indicaría que todo se pondría en funcionamiento y comenzaría la rebelión, antesala del nuevo reino y de la redención.

Ellos no eran otra cosa que seguidores tuyos y como a tales no les correspondía tomar la iniciativa.

Estaban al acecho, expectantes, verían como se iba complicando progresivamente tu situación y sabían tenías suficientes méritos como para poder contar con todo el pueblo a tu favor.

Nunca te habían entendido cuando les hablaste de lo que te iba a suceder. No te entendieron porque nunca llegaron a escuchar detenidamente lo que les decías.

Era, tu planteo, demasiado opuesto a sus perspectivas y, por ello, necesario continuar esperando, seguir buscando.

Nunca ven, de tu parte, ningún indicio y, sin embargo, continúan buscando.

Es su forma de conocerte muchísimo porque buscando muchísimo en vos.

Cada una de tus palabras, cada uno de tus gestos, los van bebiendo ávidos porque toda sus esperanzas están depositadas en vos.

No poseen nociones bélicas pero saben que habrán de contar con el apoyo numeroso del pueblo.

No saben que, en esa inquietud, no habrán de contar con tu apoyo.

Sin duda que esa encontrada expectativa es lo que hace grande y admirable el seguimiento que ellos hacen de tu persona.

Quizás  muchos de nosotros poseamos el defecto de encontrar, para nuestro seguimiento, algunas certezas y algunas seguridades.

Ello nos lleva a que no te miremos tanto y que no experimentemos la necesidad de buscarte tanto.

Quizás necesitamos más dudas para ser más fieles. 

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