Reflexiones

Astucia


Los relatos evangélicos poseen un trozo que nunca logré entender debidamente.

Jesús alaba la astucia de un administrador que, perjudicando a su patrón, asegura su futuro.

En estos días ocupa espacio entre las noticia “la mega estafa al FONASA”

Cuando uno se entera de la misma no logra entender mucho cómo pudo ser posible.

Sin lugar a dudas ha sido pensada con todo lujo de detalles.

Sin duda se sabía de la falla de muchos controles y de la ausencia de otros.

Ha sido un algo donde varias instituciones se han visto involucradas.

En cada realidad involucrada se han detectado falencia que han hecho que todo fuese posible.

Pero, también, un largo brazo de ejecutantes que permitieron fuese realidad.

¿Cómo puede ser posible que un “unipersonal” pueda tener más de una empresa afiliada?

Creo que todo no es otra cosa que una prolongada vergüenza puesto que son muchos los eslabones de control que estaban rotos.

La cuestión resulta más patética cuando se sabe se ha descubierto por otra estafa.

Otra estafa que tenía, en la punta de la madeja, al mismo cerebro.

Instituciones bancarias, que deben ofrecer confianza y seguridad, se vieron perjudicadas por la misma astuta mente.

No pondero lo que ha hecho.

No puedo dejar de reconocer su astucia.

Ese joven de 23 años que se encuentra detrás de las dos estafas me hace recordar al pasaje de los relatos evangélicos del comienzo.

No puedo dejar de reconocer su audacia para animarse a transitar por caminos tan delgados.

Diría en evangelio, al finalizar la lectura de tal noticia, “los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz”

Se me ocurre pensar que esto debe dejar una clara lección.

Existen responsables que no cumplieron con su tarea.

Hay controles que no se ejercen como tales.

Hay mecanismos que no funcionan debidamente.

Hay mucho para corregir con premura.

Esto no es una cuestión política sino de sentido común.

Hay cosas que se deben cambiar ya.

Pero, también, esto me lleva a preguntarme por ese joven y su astucia.

¿De qué no será capaz con su audacia al servicio del bien común?

¿De qué no será capaz poniéndose a ser útil para los demás?

No puedo dejar de censurar su actuar pero no puedo dejar de admirar su audacia.

Al servicio del bien común debemos poner toda nuestra audacia.

Debemos arriesgarnos con tal de promover los valores del reinado de Dios.

No debemos conformarnos con repetir esquemas ya realizados.

Siempre existe algo más que se puede realizar.

Siempre podemos encontrar caminos nuevos de búsqueda y ello implica audacia.

La nuestra no debe ser una audacia aplicada a nuestros intereses particulares ni con el fin de perjudicar a otros.

Debe ser, sí, una audacia plena de bien común, de promoción de los demás y de crecimiento del otro como persona. 

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