Reflexiones

Gotas de dignidad


Casi constantemente se está quejando de ser despreciado.

Siempre siente se están burlando de él.

No hace mucho manifestaba su alegría de poder dormir en una cama.

Durante mucho tiempo durmió entre unos cartones debajo de un puente.

Toda su vida ha sido muy dura y ello, en cierta medida, mitiga su realidad.

Es evidente que uno no puede justificar su estado pero puede comprenderlo un algo más que desde la mirada puntual de su situación.

“Antes no me importaba venir borracho pero, ahora, me da vergüenza”

“Si antes no se te juzgaba tampoco ahora”

“Pero han hecho mucho por mí”

No puedo ocultar un dejo de satisfacción ante una respuesta así.

Tal vez mañana olvide tal cosa y vuelva a venir en estado deplorable.

Pero nada importa tanto como esas gotas de dignidad que suele tener.

Es frecuente verle dormir su borrachera tirado en alguna vereda.

Es frecuente encontrarle todo orinado.

Pero nada de eso importa como el hecho de sentirse en la necesidad de estar acorde a lo que se le ha brindado.

Cualquiera podrá saber que lo brindado es muy poco.

Que se debería hacer mucho más por él y sus muchas necesidades.

Pero cuando se le escucha decir cosas como la dicha uno siente que ha realizado algo.

Ese algo es, sin duda, fuente de satisfacción.

Ese algo es poder llevar a la práctica un trocito de lo de Jesús.

Un Jesús que pide que cada uno sea tratado como la persona que es.

Un Jesús que se acercaba a alguien para hacerle saber persona.

Un Jesús que tenía como centro de su actuar a la persona del otro.

Jesús no imponía reglas o condiciones.

Jesús buscaba que cada uno se supiese un ser amado por Dios.

Siempre recuerdo a una persona que un día se me acercó para agradecerme el que había dejado de tomar.

Yo le manifesté nunca le había dicho ni una palabra sobre su beber.

“Por eso mismo me ayudó”

Nosotros pretendemos imponer los cambios y que ellos respondan a lo que consideramos correcto.

Nosotros podemos asumir nuestros cambios y así debe actuar la otra persona.

No se cambia porque se lo digamos o busquemos imponerle determinados hábitos.

Se cambia porque uno llega a la convicción de que así debe ser.

Se cambia cuando uno va asumiendo la necesidad de un cambio.

Cada uno, debemos tener la esperanza, puede llegar con mayor o menor dificultad a la convicción de la necesidad de cambiar.

Mientras tanto solamente nos podemos limitar a respetar su condición y a brindarle lo mejor de nosotros.

Cuando pretendemos imponer, generalmente, no logramos nada.

Por ello la necesidad de aceptar y respetar.

Aunque parezca estamos perdiendo tiempo estamos realizando lo que debemos hacer como prioridad.

Quizás podremos tener la dicha de recibir gotas de dignidad que reconfortan y alientan a continuar por el mismo camino.

Volver