Reflexiones

Desde tu silencio


Con facilidad nos olvidamos. 
En oportunidades, parecería, no hubiese existido
Pero, tú, no fuiste un extraño para la condición humana.
Tuviste una infancia de la que nada sabemos.
Fuiste un joven del que poco sabemos.
Eras un ser humano y, por lo tanto, tuviste un ayer.
No podemos llegar a certezas del mismo pero, desde tu silencio, podemos suponer.
Eras un trabajador como tantos de tu tiempo.
Eras “busca vida” como muchos de tus contemporáneos.
Habías aprendido junto a José las tareas de un carpintero.
Eras carpintero pero no poseías una carpintería.
Irías en busca de trabajo en las ciudades cercanas.
Tu ciudad era pequeña y sin mucha tarea.
Debes de haber encontrado ocupación en Séforis, ciudad en pleno apogeo y cercana.
En esas muchas idas y venidas fuiste plasmándote.
Te fuiste interiorizando de la realidad social de tus contemporáneos.
Fuiste compartiendo trozos de historia con los hombres de tu tiempo.
Conociste a muchos que, como vos, buscaban trabajo.
Conociste a muchos que pasaban necesidades.
Fuiste conociendo costumbres y situaciones.
No vivías de espaldas a la situación del momento.
Todo eso que, después, habrías de utilizar en tu hablarle a la gente de tu tiempo.
No te preparaste encerrado en una pieza y, mucho menos, en algún aula.
Te preparaste en el encuentro con los demás y con sus vidas.
Fuiste sabiendo de sus miserias y de sus sueños.
Fuiste aprendiendo a descubrir las señales del “Reino” en las cosas cotidianas.
Lo cotidiano fue tu escuela y tu maestría.
La realidad te hizo sensible como para observar las aves y las flores y ver el rostro del Padre en todo ello.
Fuiste conociendo el sufrimiento de muchos ante las obligaciones impuestas por la Ley.
Fue, allí, que descubriste que la Ley esclavizaba en lugar de dar libertad y realización a las personas.
Supiste ir aprendiendo a tener una independencia madura ante una Ley que reflejaba la relación para con Dios.
Comprendiste que, en algunos casos, la ley debía ser más estricta (todo lo que hacía a la relación y al amor a los demás) y en otros debería ser más flexible (lo que hacía referencias a obligaciones rituales)
No fuiste un sumiso obsecuente ni un opositor sistemático.
Supiste que la Ley era, únicamente, un instrumento y como tal debía ser vivido.
El encuentro con la gente y su vida y tus encuentros con el Padre Dios te fueron haciendo tener, ante la Ley, una postura centrada en las personas y así en fidelidad para con Dios.
Fue durante ese tiempo que descubriste que a Dios se le debía encontrar mirando a los ojos de quienes te rodeaban y necesitaban.
Durante ese tiempo fuiste creciendo en una relación íntima y familiar con Dios a quien experimentabas como Padre cercano.
Desde tu silencio de tus años jóvenes tienes mucho para decirnos y tenemos mucho para aprender.
Por ello déjame mirarlo para poder conocerte un poco más e intentar vivirte mejor.

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