Reflexiones

Experiencia de Salud


Los años no vienen solos.

Ellos se encargan de aportar algunas nanas.

Ellos se encargan de recordar que nuestro cuerpo es una maquinaria que se deteriora.

Por ello los controles rutinarios son necesarios.

No porque tengamos síntomas que nos hagan saber de deterioro.

Simplemente porque el organismo es perecedero.

Con la tecnología existente hoy, nuestros deterioros son más detectables.

Siempre, ellos (los médicos), encuentran algo.

Siempre, nosotros (los pacientes), encontramos algo.

Desde hace unos quince días ando involucrado en estudios médicos.

Todo ello no hace otra cosa que elevar una inmensa gratitud a Dios.

Es evidente que debo darle gracias a Dios por la doctora que tanto se ocupa de mi salud.

No es común pregunte si ya me pasé por el laboratorio.

No es común se ocupe de preguntar la fecha de otro estudio.

Es evidente debo darle gracias a Dios por esa persona que tanto se ha ocupado por saber de mi estado y de los resultados conseguidos.

Debo darle gracias a Dios por poder saber le importo como para que se moleste tanto.

Debo darle gracias a Dios por mis compañeros de comunidad religiosa que han manifestado su ocupación con el tema.

Debo darle gracias a Dios por esa persona que supo lograr los tiempos para algún estudio se apurase notoriamente.

Debo darle gracias a Dios por esas personas que han expresado su interés por mi salud.

Es evidente no es un tema que me agrade andar conversándolo.

Tampoco ha de ser un tema como para gastar este espacio del diario.

Pero sucede que hay personas a quienes es imposible no comentarles lo que sucede.

Debo, antes de continuar, manifestar que no tengo nada grave. (Otra razón para agradecer a Dios)

Hay quienes, desde un control de rutina, se encuentran con noticias nada gratas y difíciles de digerir.

No es mi caso ya que lo mío se reduce a una cuestión de vejez y normalidad.

Hoy me encontré con una joven mujer que, luego de un control de rutina, debió tomar decisiones muy valientes y que no tienen marcha atrás.

Lo suyo no debe de haber sido nada sencillo.

A más de deber tragar lo amargo de la noticia debió absorber lo difícil de su decisión.

Por ello no podía dejar de admirar su alegría, su coraje y su enorme fe.

Con total naturalidad hablaba de lo que había decidido y la convicción ante lo resuelto.

Cuando uno se encuentra con seres así no puede menos que redoblar su gratitud para con Dios.

Pese a los muchos años de pocos cuidados, la maquinaria del cuerpo solamente presenta algunos deterioros menores y de poca importancia.

Por eso, el deber estar viviendo esta experiencia de salud no hace otra cosa que reafirmar la convicción de que Dios es muy bueno.

No es el castigador ni el lejano.

Es alguien que se puede sentir como muy cercano y haciéndose presente desde todos los que manifiestan ocupación en el tema y cercanía.

¿Cómo poder agradecer? Sin duda no tengo tantísima gratitud como para retribuir lo recibido.

Solamente aprender de tantos y actuar en consecuencia. 

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