Reflexiones

La palabra de Dios


Lo primero que hay que puntualizar es su contenido.

No podemos quedarnos en “La Palabra” como la utilización de fonemas.

Realizar tal cosa sería empobrecer el concepto.

La palabra es el signo que manifiesta el interior de alguien.

Es cuando alguien saca su interioridad y la pone de manifiesto.

La palabra puede ser un fonema, puede ser un abrazo, puede ser un obsequio o cualquier otra cosa que ponga de manifiesto el interior de alguien.

La Biblia no es otra cosa que Dios que se manifiesta mediante la experiencia religiosa de un pueblo.

Un pueblo donde todo dice de su relación para con Dios.

Un pueblo donde experimentaban a Dios interviniendo en todo lo suyo.

En un determinado momento Dios pronuncia su mayor y mejor palabra.

Se  hace hombre para mostrar su cercanía.

Se hace hombre para que lo podamos conocer mejor.

Se hace hombre para enseñarnos a escuchar correctamente su palabra.

En Jesús, Dios, pronuncia su palabra más rotunda.

Desde Él, para encontrar su palabra debemos saber escuchar la palabra de los hombres.

Desde Él, para buscar a Dios debemos hurgar en nuestro interior.

Desde Él, para conocerle mejor debemos ser más atentos para conocernos y conocer a los  demás.

Desde Él, todas las palabras de Dios han sido pronunciadas.

Su Palabra es una realidad que humaniza.

Cuando nos sentimos plenamente personas nos sabemos totalmente libres.

Esa libertad nos compromete con los demás y responsables del uso que damos a la misma.

La Palabra de Dios siempre hace referencia a nuestra vida.

Jamás es una realidad que se pierde en lo abstracto.

Como, también, jamás se limita a nuestra interioridad.

Su Palabra, lejos de apartarnos de lo humano nos hace crecer en horizontalidad.

Nuestra vida es relación con los demás y su Palabra nos hace vivir esa relación como realización y realizadora.

No es una carga o un peso sino una experiencia liberadora.

Por más que podamos experimentar que nuestra vida se nos complica nada hay más satisfactorio que poder ayudar a que alguien se descubra y sepa como persona.

Libera para darnos desinteresadamente y es liberadora porque humanizante.

Aplicar la Palabra de Dios es ayudar a que alguien se sepa tratado y respetado como persona.

Es la manera más plena de hacer que su Reino crezca.

Es la manera más acabada de prolongar lo de Jesús.

Es lo mejor para saberse útil.

Es lo más que se puede realizar por alguien.

Eso nos lo muestra Jesús con su vida, sus gestos y su muerte – resurrección.

Eso nos lo dice Jesús con su vida hecha Palabra de Dios.

Esta realidad vital no podemos encerrarla en algunos renglones.

Esta realidad vital no la podemos limitar a unos textos que se saben.

El gran desafío es hacer de lo nuestro una prolongada Palabra de Dios porque prolongación de Jesús.

No son buenos propósitos o bonitos deseos. Es una postura de vida que se hace gestos.

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